PARECE QUE ESTORBAMOS por José Bratos
Los humanos me
refiero. Si, parece que cuando se habla de productividad, de calidad, de
efectividad y eficiencia,… los humanos somos un impedimento para conseguirlo.
Actualmente y
desde hace tiempo, en todos los medios de comunicación aparece un informe de
tal o de cual persona, apoyado por prestigiosas firmas pertenecientes cada una
a un lobby distinto -Político, académico, industrial, educativo, … referentes a
la destrucción de empleo, millones, a causa de las nuevas tecnologías. No solo
eso, además amenazan que es lo que hay y que no nos podemos resistir al cambio.
Le echan la
culpa a los robots y a los “bots” pero...
Y si el
empresario pagase mensualmente por cada 100 euros de coste del robot, 33 euros de
cotización a la Tesorería de la Seguridad Social.
Y si el
empresario pagase mensual o anualmente un porcentaje del coste del robot al
Ministerio de Hacienda.
Y si el empresario
se viese obligado a que un robot no pudiese estar en funcionamiento más de
2.010 horas al año, 40 horas a la semana, 8 horas al día, 5 días a la semana.
Y si el
empresario tuviese que realizar un análisis preventivo de mantenimiento del
robot y si aun así se estropeasen, tendría que seguir pagando el coste, las
cotizaciones y los impuestos anteriores. ¿Se imaginan cerca de un millón de
robots quietos en una nave durante un año, cotizando, amortizándose y abonando
impuestos?.
Y si se obligase
a parar la máquina 20 minutos cada 6,5 horas de actividad para engrasarla (O
echar un cigarrillo).
Pues bien, aun
así, las máquinas producirían más, cometerían menos errores y permitirían
rebajar los costes de los productos. En definitiva, aumentaría la eficacia y la
productividad, y eso permitiría a la empresa ser competitiva y sobrevivir en el
mercado. Pero no tanto como proclaman. Todo en su medida. Hay que ser justos,
el cuerpo humano es una buena máquina, solo que nos cansamos y tenemos la
capacidad de tener mala leche. No pretendamos correr antes de andar, ni imponer
una tecnología en unos plazos de tiempo muy cortos, que pueden dar lugar a
muchos errores y al beneficio de solo unos pocos.
Lo que el
sentido común dice es que el ser humano todavía es imperfecto, ergo solamente
podrá crear robots imperfectos, y si la inteligencia humana es limitada, por
mucha A.I. que le pongan a una máquina, también tendrá un límite. La historia demuestra
que han desaparecido o reinventado grandes proyectos técnicos (Sistema BETA,
Blackberry, Nokia, My space,…), que el mercado había dado la espalda . Incluso
las actuales superpotencias tecnológicas (GAFAM) han tenido que paralizar algún
que otro proyecto, de gafas por ejemplo, porque el mercado todavía no le había
encontrado utilidad.
Nos intentan
vender que la tecnología es útil pero además es justo lo que necesitábamos. Es
tal el ansia que tenemos de probar un nuevo… reloj de pulsera, que no soportaremos,
sin “lexatines”, esperar 24 horas para ello. Por eso, si me lo traen a casa con
un dron, solamente espero 12, me ahorro la angustia vital, los “lexatines” y
que quiebre la farmacéutica.
Lo venden con tales
efectos casi de magia (Amazing). Trucos asombrosos que nos emboban y que parecen
querer hacer olvidar que también pueden cometer errores o lo peor, usarse para
otros fines distintos para los que han sido creados. Errores y mal uso de la
tecnología que, no solo pueden hacerte la vida imposible (Error 404, Sin cobertura,
batería baja,...), pueden además, costar vidas humanas.
Pero existe una
duda que me corroe. Hay una actividad que los robots no hacen: CONSUMIR. No
consumen lo que ellos fabrican. No se quien va a poder consumir los miles y
miles de productos baratísimos, de calidad y eficazmente producidos por los
robots. ¿Obsolescencia programada?
Interesante, verdaderamente muy interesante. Al ver el artículo tan largo, he tenido una sensación de pereza infinita, he llegado a pensar si por un casual, mi ordenador poseía esa "app" que lee los textos.
ResponderEliminarPero no, me he echado la manta a la cabeza y me he puesto a leer, cuanto más leía más interesado estaba.
¿Te imaginas? un jefe de recursos humanos sustituido por un ordenador central, objetivo, preciso, justo, ecuánime, sin prejuicios, sin errores, veinticuatro horas de servicio, frente a unos robots, sumisos, sin absentismo, sin nóminas, sin "cigarritos", incansables, previsibles, sin sindicatos, sin vacaciones, sin sustituciones, sin turnos...., sin...sin….¿humanidad?.
¡¡¡Puuuff!!! Que me embalo, tanto “sin”, que casi me quedo sin ganas de escribir. Quizá es que mi profesión es muy humana. Cuidar es humano, la tecnología nos ayuda a realizar las técnicas de forma más precisa, pero jamás podremos ser sustituidos en el arte de cuidar. Cuidar a otros seres humanos, en los diferentes estadios de su vida.
Pretenden alucinarnos con tecnologías espectaculares, robots que imitan la acción humana, hasta prostíbulos con meretrices de silicona.
Nos lanzan “inputs” diciendo que pronto sobraremos un 30% de trabajadores “humanos”, que seremos sustituidos por maquinaria con las entrañas llenas de chips, condensadores, diodos y triodos miniaturizados, acero inoxidable, tornillería, que hablarán entre ellas en un ininteligible lenguaje máquina, lleno de inglés y signos inútiles para nuestro lenguaje, asteriscos, almohadillas, corchetes…., y alimentados por “pienso” eléctrico, eso sí, algún que otro empresario del “lobby” multinacional eléctrico se comerá mariscadas con políticos sin escrúpulos.
Y es aquí donde estoy casi mareado. ¿Cómo hemos de reaccionar?, ¿Hemos de poner freno al avance tecnológico?.
Creo que no, simplemente hemos de ser consecuentes con nuestro futuro. No sobra nadie, hemos de intentar repartir los recursos, trabajar menos y cobrar lo mismo o más para poder absorber los recursos creados por los “robots”.
Dedicarnos más a las relaciones humanas, y aquí es donde entra nuestro poder, unirnos, empresarios (a algunos hay que hacerles más humanos), recursos humanos y “curritos” humanos, y entre todos transformar la política del trabajo, y lograr de esta forma un trabajo saludable, donde el sueldo y los beneficios sean recíprocos, abonando el terreno para nuestros hijos y volviendo la vida al final más “humana”.